Escribo entre paréntesis: mi manifiesto

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He quemado en la hoguera montones de miedos pero aún así formo parte del 8% de la población mundial que se muerde las uñas cuando ve cifras: “Eldesempleo mundial está en el nivel más alto de la historia, violaciones a derechos humanos, crisis económica, se extingue el rinoceronte negro de África occidental, según la ONU el  4.3% de la población mundial entre 15 y 64 años fuma marihuana, en el Océano Pacífico hay 100 millones de toneladas de desechos, que equivale a una isla de Basura” Nuestro cerebro no está programado para que seamos felices, sino para que seamos sobrevivientes.

La verdad es que escribo para respirar hondo, para pensar que todo problema tiene solución y en cada pausa le lanzo una mirada a mi perro que se está poniendo obeso, buscando algo de apoyo, pero a él sólo le importa calentar bien mi almohada.

Escribo con el corazón del estómago. Mucha desesperación; le tengo miedo a la fatalidad, que un día mientras espero el metro algún loco me empuje a los rieles. Pero también mucha búsqueda de la belleza; como esos pájaros que descansan en los cables de luz simulando notas musicales en un pentagrama.

Escribo porque es mi manera de conversar con aquellos personajes que desde el bus veo hablando y riendo a solas. Escribir es una buena forma de obturar. Escribo porque a muchos les parece que hablo de más, que digo de más, que río de más, que soy de más porque no quiero ser de menos, no me gusta restar.

Escribo sin la certeza de si algún día me iré a recorrer Suramérica para escribir mi libro o si algún día escribiré algo que no mencione el mar, esa voz y esa imagen que le da sentido a todo mi mundo.

Escribo pese a que prefiero salir a la calle cada día a que me encuentren las historias en lugar de quedarme en casa a comprometerme con una. La calle que es como un lugar sagrado en el que todo va girando, va girando. Casi tan sagrado como el café con mamá que me dice: medita, medítalo, no pienses de más, tú no controlas nada, medita…Y yo medito caminando, andando en bicicleta, bailando, ondulando, ejecutando todos esos verbos y encarnando todos esos sustantivos que existen para uno llevarla mejor: música, ciudad, bailar, viajar, amar como animales.

Escribo porque soy chaparra (tamaño pesebre). Tengo ojos que miran muy de cerca el suelo y logro ver insectos de colores, hojas secas y tesoros perdidos. Escribo porque cuando estoy triste no lloro entonces los ojos se me achican como los de los gatos antes de saltar.

Escribo porque es mi manera de no dejarlo todo a medias. Escribo y tacho mucho. Cuando voy a algún museo a corroborar que los artistas son seres que siempre nacen y mueren en ciudades distintas, me quedo un rato largo observando la libreta de notas de algún sabio y preguntándome por qué ellos no tachaban tanto como yo.

Escribo porque a un buen escuchador una hoja en blanco. Y a mí las hojas en blanco me parecen sábanas blancas de una cama bien tendida esperando a que le hagan el amor encima.

Escribo porque creo en los dioses, gracias a ellos sé que lo que se ama se admira y he construído para ellos y ellas mi propio Olimpo Personal imperfecto y hermoso, como ellos y ellas.

Escribo a deshoras, las horas de los verdaderos encuentros.

Escribo para reivindicar mi derecho humano a odiar, a odiar el hambre como imposición, la indiferencia, que la lluvia me moje los zapatos, la ignorancia, el café de greca, la gente que odia todo, el hígado encebollado, los prejuicios y etiquetas, que todavía existan las amistades falsas y las monedas de 50.

Escribo porque cada vez que termino de leer un historia abrazo el libro y me avoco como una idiota conmovida a mi libreta «oh querido diario hoy lloré. He terminado de leer ese libro, la historia más perfecta de amor, levedad, magia, vida, sexo y un gato alcohólico. Si dejara el país mañana este libro también haría parte del peso permitido en mi imposible equipaje”

Escribo porque los paisajes me subyugan, digo, que me esclavizan y me dejo ir: ¿de quién serán esas luces de la noche en aquella montaña en aquella casita en aquella ventana? ¿y que estarán cocinando, qué estarán leyendo o habrá alguien muriéndo? ¿de quién será ese barco, de quién ese paraguas en la basura? ¿habrán patrones en las olas? ¿cuántas personas habrán amado a la señora del café, cuántas más amaré yo?

Escribo porque el mundo es misterioso. Ayer conversé con el vigilante y cuando tomó confianza lo hicé reír. Al rato descubrí que él también es un misterio.

Escribo para poderme ir cuando más ganas tengo de quedarme, lo tomo como una señal, es decir, como un faro. Como una libertad, la de la eterna posibilidad de elegir. Por eso escribir a veces me duele, a veces me excita.

Escribo porque es una manera de estar sola y ver que ocurre ahí adentro. Escribo porque dicen que el viaje es hacia adentro.

Escribo porque amo viajar. Escribo para no olvidar el viaje ”escribir al menos para eso, para eternizar algo pasajero”, para viajar aún más, nada se compara con la sensación de llegar a un lugar nuevo y desconocido en el que a la vuelta de la esquina puede uno perderse, vulnerable ante la novedad, podría pasarme la vida en primeras veces.

Escribo en pedazos, por momentos. Así como se da la felicidad.

Escribo para perderme y volverme a encontrar… me acuerdo de Eduardito: “¿Para qué escribe uno, si no es para juntar sus pedazos?” Escribo porque me zambullo en la ciudades como una nadadora. Escribo porque amo nadar, hacer inmersión en lo más profundo, abrir los ojos y explorar el fondo, el centro, para saber que arriba es como abajo.  Amo tanto nadar como amaría volar si pudiera…

Pero sí puedo, por eso escribo.

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12 comentarios en “Escribo entre paréntesis: mi manifiesto

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