Kilómetros de papel: cosas que he aprendido en mi primer mes viajando sola

Es 30 noviembre, aún es noviembre -aunque hoy se acaba – y estoy muy lejos de casa; en donde todavía es 29 y aún queda un día para que sea el último día de noviembre. Pienso en casa, en Colombia, porque a allí pertenezco, pero mi presente es aquí, a doce horas de allá. Es en todo caso, un día de 30 raros días. Un día de un mes de un año que no sé precisar porque para mí es el 2015 porque es el año que transcurre en el calendario de casa, pero aquí, donde ahora me encuentro es el año 2258, según el calendario budista.

Escribo esto desde Bangkok, la capital de Tailandia. Me di cuenta de que hoy –aunque no sepa precisar exactamente que día viene siendo- mi viaje está cumpliendo su primer mes de movimiento. Es raro, pero me senté a escribir otra cosa y terminé escribiendo esto y es tan simbólico porque es como todos estos días han sido: algo que termina siendo otra cosa.

Hasta ahora he llenado 17,749 kilómetros de papel, lo que equivale a una libreta Moleskine mediana completa, apuntes sueltos en una más pequeña y en postcards que he enviado a Colombia. Resumiendo lo que hay allí a mano alzada, lo diré simple: me encuentro un poco desorientada pero aún ardo. Para decirlo de una manera más amplia elegí estos seis puntos que no son todo, pero es algo… lo que estoy aprendiendo:

  1. Confía

“Las cosas van moviéndose y se mueven a la larga porque sí. Y si hoy ese perfume es el de la soledad, si no confiás no vas a ser feliz”

Hay una canción de Fito Páez que se ha convertido en un mantra para mí durante este primer mes de viaje. Confía. Viajar sola es sobre todo darse un paseo por el caos. Los aeropuertos, la espera, la impaciencia, el cansancio, la novedad, la incertidumbre, los imprevistos, la soledad.  Cada vez que llego a una ciudad nueva tengo ataques de pánico. Lo he llamado “landing  feeling” porque me da en ese preciso instante en que las llantas del avión tocan tierra. No es solo esa sensación gelatinosa del vértigo por la caída, es la propia despresurización ocurriendo adentro mío: “¿Y ahora qué?, ¿para dónde agarro?, ¿cómo llego al hostel?,  ¿y si me pierdo?, ¿se habrá extraviado mi maleta?, ¿qué hago aquí?, quiero irme a casa”. No diré que esto me dura segundos, porque he tenido momentos en que dura horas pero entre más grande es la confusión, más ganas hay de aclararla.

Cuando se está solo se cometen muchos errores, se paga demás, se leen mal el mapa y se camina demás mientras uno se vuelve a encontrar y es difícil tomar una decisión: a dónde ir, qué ver, a qué renunciar, qué hacer, qué no volver a hacer. Y es difícil, porque no se tiene un interlocutor con quien discutir opciones y sopesar posibilidades por lo cual, el monólogo se vuelve un arma de doble filo. Por un lado se gasta tiempo y energía dando muchas vueltas a una misma idea hasta que se vuelve tóxica y por otro lado, se fortalece el músculo de la intuición y se aprende a confiar en la voz propia. Y es a esto último, a lo que me quiero referir.

Me pasó en Chiang Mai, mi primer lugar en Tailandia, que al llegar ya tenía todos los hostels revervados desde Corea. Había gastado un tiempo considerable comparando, eligiendo y decidiendo dónde iba a quedarme durante la celebración del Loy Krathong festival.  La ciudad iba a estar llena de turistas y el hospedaje se iba a complicar sino lo hacía con anticipación. Al llegar al aeropuerto me encontré con dos chilenas que me salvaron la vida. Llevaba semanas sin hablar español, había gastado mucho dinero en Corea y tenía un bajón emocional terrible e inesperado. Me ayudaron a llegar en Tuk-tuk al hostel, me contaron cosas de Tailandia y salimos a cenar al mercado nocturno. En medio de la conversación me sugirieron cancelar mi reservación en el hostel que yo había elegido porque sería mejor conseguir algo más barato, me pareció muy buena idea, así que llegué y lo hice sin dudar. Cancelé mi reservación y dejé el resto de los días en el limbo. Ya encontraría algo, primer error.

Al otro día, hice un par de amigos en el hostel y antes de salir a conocer la ciudad iba a buscar otro lugar para reservar, pero mis nuevos amigos me dijeron “déjalo para más tarde”  y yo sin dudar, acepté. Segundo error. La consecuencia de ambas situaciones fue que no encontré nada para hospedarme, ni habitación, ni cama, ni hostel, ni hotel, ni Guest house, ni nada. La imagen era esta: bajo el calor y el caos de Chiang Mai, sola, con una maleta de 11 kilos y otra de 7 y una rabia terrible contra mí misma por haber dudado de mis decisiones: haber cancelado la reservación que había hecho porque alguien más me dijo que lo hiciera, no haber buscado otra opción porque alguien más me dijo que lo hiciera más tarde. Y  no, no culpaba a nadie más, porque nadie te sugiere ese tipo de cosas con mala intención. Me culpaba a mí por haber dudado de mis decisiones, de mi manera de hacer las cosas y entendí que aunque no se puede caer en esa manía de querer controlarlo todo, al menos a mí hay ciertas cosas que me gusta tener bajo control: un hospedaje en un lugar que me guste, porque de lo contrario caigo en una espiral de incertidumbre, culpa y miedo. Y eso para el viaje no es bueno.

Hay muchos lugares a los que se llega por casualidad, hay otros a los que se llega con planeación. Lo único que importa es que se llegue a ellos con la decisión consciente de querer estar ahí, comprendí que este viaje es mío, que son mis planes y que antes de tomar una decisión, qué comer, dónde quedarme y donde no, debo consultarla conmigo y con nadie más. Después de todo la confianza me trajo hasta aquí, la confianza de que no da igual vivir la vida o contar la historia (que es lo mismo) de cualquier manera.

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Rumbo a Bangkok en tren desde Chiang Mai

  1. La turbulencia no es un buen lugar para tomar decisiones: siempre que el avión alcanza la altura apropiada para mantener el vuelo experimenta una zona de turbulencia, me dice una amiga. Yo estoy atravesando esa turbulenta y nublada zona. Mientras me desesperaba y lloraba por el miedo de quedarme a dormir en un callejón oscuro de Chiang Mai, hice reservaciones inútiles  en lugares lejanos del centro de la ciudad (lo único disponible) a través de una app que cobra por ello. Los dueños del hostel donde me estaba quedando no estaban ahí en ese momento y ya habían puesto un tablero en la puerta que decía “Fully booked”, tal vez por eso entré en pánico. Cuando llegaron les conté todo lo que me había pasado y que llevaba 6 horas dando vueltas por la ciudad. En realidad no tendría que haber hecho todo eso; desgastarme en tiempo, dinero y energía. Habría tenido que hacer lo que me dice mi mamá: sentarme, respirar y pensar “esto también pasará”. El dueño del hostel, encendió el computador, y en un par de clicks me dijo “listo, puedes quedarte con nosotros tres noches más” y voilà, no pasa nada. Mientras no esté en mi centro, no debo tomar ninguna decisión, debo escuchar a mi mamá. Las cosas siempre se vuelven a aclarar para que el avión pueda lograr la altura apropiada para su vuelo.
  1. Todos los errores se pagan con plata: así decimos en Medellín, mi ciudad. Comprar tiquetes en aerolíneas de bajo costo no siempre implica un bajo costo, porque si no leés bien te cobran la maleta como me pasó y terminé pagando un montón de dinero que tenía reservado para otra cosa. Si se compra algo, se deja de tener dinero para otro algo, quizá más prioritario. Si no se está atento, se paga más por algo que vale menos. Si se sucumbe al capricho, se le suma peso a la maleta que ya pesa bastante y por eso renuncié al backpack y me cambié a una de rueditas. No se gasta demás, no se compra demás. Pero es tan difícil y más cuando hay lugares en el mundo como Corea del sur, donde hay tantas papelerías, ropa linda, tiendas de souvenirs y crafting supplies… y todo es tan bonito. Se suspira mucho y se desea mucho, es terrible para una compradora compulsiva en rehabilitación.
  1. Pensar nos roba el mirar como dijo el poeta (Roberto Juarroz): pensar demasiado es estar como un perro que le da vueltas a un mismo árbol “qué voy a hacer mañana”, “y la próxima semana”, “y el próximo mes”. “Qué destino me espera”, “y si me regreso a Colombia en marzo, y si no”. “Y qué va a pasar conmigo cuando vuelva a casa”. Pensar demasiado roba el momento presente y activa al señor miedo, quien siempre está en un rincón, mordiéndose las uñas ansiosamente preocupado por lo que ya pasó o por lo que va a pasar (que seguramente no pasará) y que en ambos casos, son ilusiones, cosas que no existen porque no corresponde a la realidad que según el caso, es un pájaro que pasa, un plato de comida nueva, un montón de palabras y sonidos que no se entienden pero se disfrutan, un gesto, un punto en el mapa o cualquier otra cosa que se debería estar mirando.
  1. Escuchar el cuerpo: no todos los lugares son para mí. No todo lo que recomienda un travel blogguer o la Lonely Planet debe resultarme inspirador o bello. Si una ciudad, un hostel, un pueblo no me dan buena vibra ¿por qué habría de quedarme tres semanas aquí? Si el cuerpo dice sigamos, sigo. Si el cuerpo dice quedémonos, me quedo.
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Monjes en Chiang Mai

  1. El viaje es hacia adentro: vine aquí con millones de expectativas. No me doy cuenta, sino hasta ahora (días en que he bajado la velocidad), que mi ego me manda abajo a un pozo porque hay cosas que simplemente no me gustan. Hay cosas que no cumplen el peso de mis expectativas porque las había imaginado diferentes. Está esa frase de “ten cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad” y ahora creo que la entiendo. El peligro de que esas ansiosas proyecciones o deseos se hagan realidad es que una vez ocurren, las causas y azares, la reacción en cadena, la vida de los otros, la historia, el destino, la casualidad; una vez combinadas comienzan a hacer lo suyo y como todo en la vida, ya no se pueden controlar. Cuando los sueños, son solo sueños están bajo control, se decoran, se editan, se idealizan. Pero cuando se hacen realidad, ya no se puede controlar, si acaso se controla uno mismo con sus emociones, si acaso.

No contaba con que iba a haber lugares que simplemente no me gustan por más que explore. No contaba con que la distancia de mis seres amados me detonaría un choque inesperado con mi querida y defendida soledad. No contaba con que mi proceso creativo se iba a ver entorpecido por las circunstancias de tiempo y espacio. No contaba con que uno de mis gatos iba a morir de repente al otro lado del océano y eso me abriría el grifo de un llanto retenido que aún no logro cerrar. El viaje es hacia adentro porque cuando se viaja de vacaciones  solo hay tiempo para ser feliz. Pero cuando se viaja con el hogar en la maleta y sin tiquete de regreso definido, la cotidianidad se instala en el día a día con sus altos y bajos habituales, con nuestros ciclos y necesidades, con nuestras manías y carencias   y nuestras preguntas sin resolver. La vida hace sus estragos habituales y no le importa donde estés porque ella simplemente sigue girando. Así que no se viaja solo para postear fotos de lugares extraordinarios en Instagram y Facebook que en tiempos modernos son nuestra bitácora de viaje. Se viaja para seguir con esa eterna búsqueda: tratar de figurar eso de ser feliz.

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Loy Krathong Festival, Chiang Mai

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27 comentarios en “Kilómetros de papel: cosas que he aprendido en mi primer mes viajando sola

  • Carolina, muy buenos escritos de viaje, con agonías y con placidez, sigue disfrutando de ese viaje fantástico que te hará llegar al puerto deseado, un abrazo solidario. Mientras tanto, seguiremos esperando nuevas vivencias con el sello de tu estilo…

  • Que sigas disfrutando del viaje . Con sus altos y bajos es una excelente aventura , eso si trata de alivianar el equipaje para que puedas disfrutarlo . Las cargas mis hacen mirar muchas veces hacia abajo y debes mirar de frente y subir hasta lo mas profundo o bajar hasta lo mas alto .Tus alas extendidas siempre . Ya te echaba de menos . Cuídate mucho

  • Tocaya! Así es la vida, así se aprende y como dice tu mamá, eso también pasará… Espero estés encontrándote a ti misma y aprendiendo a querer tu soledad, viajar hacia adentro de ti es el viaje más placentero que harás, disfruta mucho todo, lo bueno y lo malo… Un abrazo de otra Carolina tratando de encontrarse a sí misma también ?

  • He encontrado tu blog y sin lugar a dudas eres INSPIRACION (todas en mayuscula). Disfruta el viaje y viaja ligero, lo Bueno es que al final de la Aventura esos momentos incomodos, de panico y de termor con el tiempo se convierten en grandes historias. Esos son los momentos que nos definen, esos que nos paralizan y nos hacen replantearnos todo! Comete el mundo 🙂

  • Precioso, y me siento muy identificada con lo que escribiste.
    Acabo de regresar de un mes de viaje sola por Italia, y he experimentado varias de tus vivencias y emociones….
    Viajar sola es todo un desafio….y en realidad es darse cuenta que una no viaja sola, viaja con Una!!!!

    Comparto lo de lo importante de confiar en nuestras propias decisiones, ya que seguramente al tomarlas fue en base a razones que supimos evaluar…..no dudar de nuestra intuición …

    Intento armar mi propio blog, ojalá me decia y lo publique….

    Un abrazo de otra viajera…

  • Que bueno este articulo. Como todos los que escribes. Carolina, que nada de lo que pase en tu aventura sea un obtaculo para crear y escribir. Al contrario, que sea inspiracion para compartir y dar vida a tus escritos. No importa donde estes, siempre leo tus relatos.

  • Que bueno este articulo. Como todos los que escribes. Carolina, que nada de lo que pase en tu aventura sea un obtaculo para crear y escribir. Al contrario, que sea inspiracion para compartir y dar vida a tus escritos. No importa donde estes, siempre leo tus relatos.

  • Que bueno este articulo. Como todos los que escribes. Carolina, que nada de lo que pase en tu aventura sea un obtaculo para crear y escribir. Al contrario, que sea inspiracion para compartir y dar vida a tus escritos. No importa donde estes, siempre leo tus relatos.

  • Vaya lindura de texto! Recién hice mi primer viaje sola a Colombia precisamente… No hay cosa más bonita y extraña que el “Travel by myself” porque viajas contigo y eso te hace no estar sola… Es verte en el espejo de ti decidiendo en un lugar del mundo diferente al mundo en el que creciste. Sigue disfrutando y que toda ésta maravilla no termine. Porque cada día por más “normal” que sea es un nuevo viaje. Abrazos desde México.

  • Caro… Que tesa. “Todo depende del ánimo” dice Fernando González, así que de todo te pasará, pero asi mismo, todo serán historias para contar… Que admiración por todo lo que decides hacer y escribir. Aprendiz de bruja de palabras, los mejores augurios en tu viajar. Un abrazo cálido escrito.

  • Guapa, mira que haz logrado poner en palabras todo lo que sentí durante mi viaje en solitario por Europa. Somos de esas locas que se lanzan y ya, aunque tengas el hostal reservado, sabemos que eso no asegura nada, aunque sí nos da una especie de ilusoria tranquilidad.

    Una amiga que conocí en Girona me dijo lo siguiente:

    “Sí, estamos solos, la verdad es que siempre estamos solos pero tampoco lo estamos, porque siempre habrá alguien que te dé una mano.”

    Y es así, al menos lo fue para mí, ya me lo había dicho un compañero argentino, “no te hará falta nada, siempre habrá alguien que te abrirá una puerta”, en esos momentos de terrible angustia allí está una familia que ofrece su casa para pasar la noche y hasta una toalla para tomar una ducha cuando el aeropuerto ha extraviado tu maleta y no tienes más que la ropa que traes puesta y es demasiado tarde para salir a buscar el hostal. Y esto es lo que nos enseña, nos permite crecer. Sí, confiar, todo pasa, y siempre hay una mano.

    Un abrazote, sigue andando caminante.

  • Hola preciosa, me encantó este relato abierto, escueto y sin tapujos sobre esta nueva aventura tuya, eres de buena madera.

    Un abrazo enorme, y que todo el amor te acompañe.

  • Qué bonitos son los viajes para adentro! Recordé cuando llegué hace cinco años a Berlín, sin plan, sin rumbo. Al final uno queda ligero de cosas, lleno de historias y vida. No había entrado por aquí pero me alegro haber llegado. Saludos hasta el otro lado del mundo!

  • 2:17: Llevo casi 5 meses siguiéndote, no a diario, pero te agregué a favoritos -hay algo de mí en ella y de ella en mí, pensé. Eres la bitácora que últimamente me gusta revisar, para refrescarme y continuar mi producción. ” Cosas que dan cuerda al mundo” me ayudó en un proceso de cambios y sanación, a reafirmar pensamientos, y reconectarme con mis letras olvidadas -normalmente el dibujo era mi salida inmediata- Ahora siento la reconciliación de ambas disciplinas. EL ARTE DE ALABAR COSAS PEQUEÑAS: me convenció del poder de lo invisible que se hace presente día a día, y de que son los pequeños cambios los que marcan diferencias, grandes o pequeñas, pero existentes. Si observas, la admiras. Recordé las semillitas que podemos sembrar, aportar, que van desde una sonrisa hasta bueno… Creo que mi reciente insomnio, me hace atreverme a <>, porque me creo estar soñando, de esos sueños lúcidos, donde no hay límites, porque “no hay nada que perder”. Soy fan de muchas artistas (en fb, tumblr, insta etc, pero nunca me atrevo comentar lo que me provocan, aunque hagan latir mi alma & corazón. No por halago y pensar que aumentaré un ego que considero se debe eliminar, sino por que no lograba esta salida escrita. Caos mental que me atrapaba. Difícil sentarme a traducir y desenmarañar mis pensamientos sin empezar a hilarlos con otros (bella distracción) -Me imagino una bola de estambre, enredada- hoy siento que es una pasta de fideos, ligera, con ricos aderezos; imagino el tenedor que enrolla y desliza el bocado lisamente. Hoy entendí que debo porque quiero, porque puedo, comentar por el simple y rico agradecimiento. Creo que pequeños detalles (estas palabras sonrientes, si quieres) pueden ser detonantes, de impulsos creativos, motivación, como quieras llamarle. Es bueno atreverse, lanzarte a la aventura, “entre hacer y no hacer siempre es mejor hacer” (mi frase de la semana). Y leerte es confirmarme- confirmarnos pensamientos, ideas, que en el fondo sentimos, pero cuesta aceptar para externar. Misterios fatales que detienen nuestra llorona creatividad que quiere salir a jugar. Mis bitácoras no se habían llenado en una semana o un día desde haces meses (antes de leerte) gracias por el empujón y bueno podría seguir contando lo que haz provocado en mi? Sí,, pero ahora tengo,,, fabulosas ganas de agarrar mi pluma y papel para continuarme… En fin (sin fin) Buen viaje, donde quiera que vayas. No desanimes, observa. 2:27

    *intenté posteartelo en insta.. y tardó el fin de mi día/noche en subirse. Creo aún sigue cargando.. jaja Saludos desde México.

    • Gracias infinitas por esto. Gracias de las de verdad, juntando mis dos manos. Inclinandome ante vos, que no te conozco pero te veo desde aquí. No intentes desenredar esa bola de estambre, atala a una aguja y empieza a tejer algo único con ella. Creo que ya empezaste. Hoy le diste cuerda a mi mundo solitario y andante. Un abrazo-viajero. Nos seguimos leyendo

  • Felicidades Carolina! Por iniciar el viaje más bonito de tu vida, por ser libre en un mundo de grilletes y por escribir como lo haces. Es de las cosas más bonitas que he leído últimamente.
    Yo he tomado la misma decisión, así que en breve comenzaré mi viaje, y aún sin haberlo empezado, tus palabras me han parecido sacadas de mi diario .
    Te deseo todo lo mejor en tu nueva aventura.

  • Carolina,

    Qué post tan simple pero a la vez brillante, porque habla del alma sin máscaras y de lo que se vive en el día a día de un viaje, porque uno realmente se va lejos para conocerse. Invita a reflexionar y a viajar como forma de encarar de una vez por todas a nuestro yo interior e intentar resolverlo, y claro, ser feliz en ese proceso.

    Me quedo con el punto 4 y con este fragmento en particular: “Pensar demasiado roba el momento presente y activa al señor miedo, quien siempre está en un rincón, mordiéndose las uñas ansiosamente preocupado por lo que ya pasó o por lo que va a pasar…”. Es lo que se llama Rumiación, que es una forma negativa de darle vuelta a las ideas, y que deriva en Depresión. Lo que tú invitas es a vivir el presente, que es lo que se conoce como Conciencia plena o Mindfulness.

    Muy agradecido por tu post.

    Saludos desde Lima,

    Juan.

  • Carolina, he llegado a ti por casualidad pero me has llegado al alma. En cuatro meses inicio una aventura parecida a la tuya, pero voy muy bien acompañada, nunca he viajado sola, supongo que por miedo a todo lo que comentas en el post.
    La verdad es que estoy bastante asustada, pero veo que esto no se va acabar cuando este en el avión y que va ir conmigo todo el camino.
    Lo que más me ha gustado es tu sinceridad, muchos viajeros solo cuentan la cara bonita de dedicarse a esto, es necesario mostrar tanto lo bueno como lo complicado, que no malo.
    Muchas gracias por compartir tus experiencias.

    Un besote desde España, a ver si nos cruzamos por el mundo!!

  • Carolina!!! Los viajes (para quienes los amamos) son una ventana al autoconocimiento. No todo es hermoso pero siempre lo valen.

    Cuando lleguemos seremos piezas diferentes del rompecabezas.

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