Seúl, una breve historia de amor sin promesas

Una deuda por escrito

Seúl no es un hombre, es una ciudad.

Esta semana estuve viendo fotos de mi primer viaje sin tiquete de regreso en orden cronológico y decidí de una vez por todas salir de deudas con los lugares que recorrí, empezando por Corea del sur.

Tenía una deuda. Escribir sobre el recuerdo de aquel solitario viaje: traducir tantas imagenes en palabras. Las experiencias necesitan un poco de tiempo para volverse palabra.

Es increíble la capacidad que tiene el ser humano para no enfrentar ciertas cosas, cuando esas “ciertas cosas” representan un doble filo. Siempre hay un tiempo de reposo, un digerir de las experiencias para saber dónde ubicarlas. Como cuando al final del café, la taza queda con un asiento espeso y denso en el fondo, el resumen de la historia que uno acaba de beberse.

La Cafeomancia es el arte de leer e interpretar los posos del café, como si fuera un sabio oráculo. Eso es para mí la escritura, contarme a mí misma las historias, interpretarlas.

Mientras tanto, por supuesto uno habla sobre ellas, cuenta muchas veces la historia en cenas con amigos, en llamadas por Skype y en infinitos mensajes de voz por chat. Pero es solo cuando uno se cuenta la historia de lo vivido  a uno mismo, que las historias comienzan a decir cosas… más todavía, comienzan a preguntar cosas.

Es en ese cuestionarse, que uno dice “vale, ¿qué hago con todo esto? ¿quién carajos soy ahora?

El Río Han, el hilo de plata que atraviesa la ciudad.

Y es que enfrentar la soledad de Corea del sur fue hermoso, pero no fue fácil. Ahora en retrospectiva quisiera de repente estar ahí otra vez. Volver, habitar Seúl por un tiempo.

No es que haya quedado con pendientes (aunque uno siempre puede hacer las cosas de otra manera) pero Seúl, es un lugar que me habitará por siempre, porque fue el comienzo de una aventura que apenas ahora, comienzo a entender por qué emprendí.

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“El centro no es un punto”

 

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Laberinto de espejos en algún callejón del barrio de Hapjeong-dong donde abundan los cafés y galerías independientes

 

 

Llegar de noche a un país desconocido es como entrar a dormir bajo sábanas extrañas. Por eso hay que esperar a que despunte el sol para ver con quién se está durmiendo. Rafael Chaparro Madiedo

Llegué en la noche, con la convicción de que tenía que ir lejos, como si ir lo más lejos posible me asegurará un no-retorno, una vacuna antiarrepentimientos.

Aterrizamos tras sobrevolar  un océano de cielo gris y masas boscosas de pino. Once horas desde San Francisco sin dormir alimentaban mi ansiedad. Había ido a la ciudad del hippismo  y la beat generation por una semana con mi mejor amiga. Desde ahí partimos rumbos. Ella  hacia Melbourne, Australia y yo, hacia la incertidumbre.

En el avión había conocido una pareja de estadounidenses, con rasgos coreanos. Me llamó la atención que hablaran en inglés con la tripulación (coreana) y me contaron que era muy común para los coreanos de nacimiento irse muy pequeños a Estados Unidos y nunca más volver. Así que si bien sus padres y antepasados eran de aquel país asiático, ellos difícilmente hablaban el idioma.

Estaban ahí. En ese avión, con 30 años cada uno. Después de renunciar a sus trabajos y pertenencias como yo; y rumbo a sus raíces para después seguir viajando el sudeste asiático por un año, como yo.

Al bajar del avión me agarro un pánico extraño. ¿Y ahora qué? Crisis de niebla.

Salimos del avión y seguí la multitud que bajaba unas escaleras eléctricas y como si se tratara de una escena de Volver al futuro, de repente teníamos enfrente las vías del tren. El tren llegó y yo me subí confundidisima, ¿A dónde vamos? ¿ y mi mochila?

De tanto mirar con cara de huérfana se me acercó un señor de unos 50 años “First time in Korea? Follow me”. Mi primer angelito, de muchos que me trajo el camino.

Nos bajamos del tren, volvimos a subir unas escaleras eléctricas y por fin estábamos en la fila de la aduana. Y entonces el interrogatorio: “¿De dónde eres? ¿Para donde vas? ¿Cuanto tiempo? ¿Sola? ¿Colombia? ¿Cómo que sola? ¿Estás loca? ¿Couchsurfing? ¿Qué es eso? Estás loca.  Tengo una hija de tu edad me estás poniendo nervioso”.

El señor era de Estados Unidos y tuvimos una conversación de lo más divertida que me relajo. Me confirmó que estaba haciendo una locura y tal vez lo necesitaba. Es decir,  confirmar que era una locura y que efectivamente era real. Que lo estaba haciendo después de tanto soñarlo.

Salimos de ahí, reclamamos nuestro equipaje y me ayudó a ubicar la ruta del subway que necesitaba para llegar a casa de mis primeros couchsurfers. Me dio monedas por si acaso, su número de teléfono y su  email exigiendo que le notificara cuando llegara a mi destino sana y salva. Lo hice.

Una hora y media después con un jetlag que me aplastaba en la silla del subway llegué Gangnam ¡Sí, Gangnam como la canción! Oppa Gangnam Style / Gangnam Styleee… tararearle esta canción a alguien de Seúl, es como cuando a un colombiano le preguntan por Pablo Escobar. La detestan jiji.

En todo caso, ese era el barrio de mis hosts. Salí del subway a las 9 pm y de repente se abrió ante mí una noche lluviosa, un frío seco y  edificios enormes con caligrafía incomprensible. Crisis de niebla ¿Y ahora qué?

Vi un chico hablando por teléfono y le pedí que me dejara llamar. Crisis de niebla superada. A los 5 minutos aparecieron: una pareja joven y sonriente. Me llevaron a su apartamento, un cubito computarizado y modesto. Descargue mi equipaje, y salimos a comer.

Corea era lo que había visto en las películas de kim ki duk. Callejones de luces de neón  y restaurantes tradicionales pequeños.

Dolsot Bibimbap en bowl de piedra y sopa de noodles con hielo

Dolsot Bibimbap en bowl de piedra y sopa de noodles con hielo

 

Esa noche tuve la mejor primera noche en un país extraño. Conversamos mucho, yo les contaba de mi país mientras ellos me enseñaban cosas nuevas “¿Sabes por qué los colombianos no necesitan visa para entrar a Corea del sur” No tenía ni idea.

Colombia -me contaron-, fue el único país de América Latina que apoyó a Corea del Sur luego de la invasión  de Corea del Norte. El primer gran enfrentamiento armado de la Guerra Fría, en junio de 1950.

Y ahí estaba yo. Sentada a ras del suelo, sin zapatos. Medio borracha, medio extasiada a casi 15.000 kilómetros de distancia, enterandome de un conflicto bélico que ocurrió hace más de 60 años…cuando el cansancio y el vino nos hacen hablar, qué bonito.

Comí sabores nuevos en pequeños bocados servidos en platos de todos los tamaños.

Bebimos una jarra de Makgeolli (Makkoli) un vino de arroz suficiente para ruborizarme un poco las mejillas, distensionar los músculos y pensar en esa frase de Rafael Chaparro Madiedo antes de dormir: “Llegar de noche a un país desconocido es como entrar a dormir bajo sábanas extrañas. Por eso hay que esperar a que despunte el sol para ver con quién se está durmiendo”

“Are you drunk?”, me preguntó uno de los dos. Y nos fuimos a casa. Hasta mañana ciudad nueva donde la rara soy yo, mañana te hago mía.

Mi primer affaire del viaje

Tanto Corea como Japón, han cautivado mi curiosidad a través del cine y la literatura respectivamente. Las pelis de kim ki Duk y los libros de Haruki Murakami. A este último le debo el nombre de mi búsqueda creativa en los viajes: Cosas que dan cuerda al mundo en honor a su libro Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. (¿Puede haber un libro con un título más hermoso?).

Solo estuve en Seúl, su capital, pero bastó una sola ciudad para tener mi primer affaire amoroso, no por rápido superficial, al contrario: profundo y sin promesas.

Los mejores hallazgos suceden así, sin planearlos. Conocí a mi amante  el primer día: la ciudad toda, por la mañana y por la noche. Mi soledad y una ciudad.

Una boda en el Palacio imperial Gyeongbokgung

Una boda en el Palacio imperial Gyeongbokgung

Creo que no sucede con todos los lugares  sentir de manera instintiva ese “ aquí puedo vivir” y  casi lo hago. A la primera semana ya estaba confundida y pensaba “¿y si me quedo? ¿Y si me busco un trabajo dando clases de español.?” Estaba maravillada. Todo allí era poesía, novedad, asombro.

Yo misma era mirada por los demás con extrañeza. Por momentos sentía que era capaz de renunciar a todo por quedarme allí conociendola; por sentirme parte.

Hay una fase de los viajes donde el pasado y el futuro son reales, casi tangibles. Este no era el caso, en Corea todo para mí era un eterno presente. Todo el tiempo iniciaba, realizaba y concluía el viaje.

Entrar a un restaurante, pedir un café, deambular por callejones y trenes. Sentarme en una silla a admirar el buen gusto en el  vestir de la gente, atravesar la ciudad sin audífonos escuchando atentamente la manera adecuada de pronunciar el nombre de las estaciones del subway, aprender de memoria la música folklórica cuando abrían las puertas, correr con el frío de la mañana a orillas del río Han y andar sin destino en bicicleta. Salir en las noches y ver tantas parejas, cuestionarme mil veces el viaje en solitario, embriagarme levemente con las luces de neón y el vino de arroz.

"Como quién sabe que cuenta con la tarde entera. Sin nada más que hacer que acariciar aceras"

“Como quién sabe que cuenta con la tarde entera. Sin nada más que hacer que acariciar aceras”

Aquello con Seúl fue un goce del tiempo y del espacio. Evadía la modernidad, me burlaba de ella con mi ritmo lento. Creo que fue allí donde se me agudizaron los sentidos y ahora ando con ellos alerta a todos partes. Al respecto, escribía entonces un #ElogioALaCotidianidad (Fragmentos de mi #LibretaNegra):

Seúl es tan bonito que cada vez que salgo de la estación del subway y se abre ante mí lo nunca antes visto, me dan ganas de llorar.

Seúl es tan bonito que a veces pienso que  este es mi lugar en el mundo.

Camino mucho, sin mapa. Obturo todo el tiempo, sin cámara. Escribo y edito, sin estar aún sentada frente a mi libreta. Saboreo todo, sin haber probado siquiera lo que huelo. Sonrío a todo el que se cruza con mi mirada, aunque no hablen inglés, aunque no los conozca ni lo vaya a hacer.

Le doy vueltas a la idea, de la misma manera que rodeo los árboles de otoño para ver si son reales; ¿podría vivir aquí? Y me asusta sentir un eco sutil que dice “Sí, podría”. Pero me detengo en el contacto con esa voz y guardo las manos en los bolsillos de mi chaqueta.

Suspiro y pienso que no. Que vamos muy rápido, que tal vez es la emoción de las primeras citas con esta enorme ciudad. Que tal vez deberíamos salir más, conocernos más, hasta develar cada una nuestros defectos.

Viajar es eso, pienso. Amarlas a todas… las ciudades quiero decir. Amarlas como si el mundo se fuera a acabar mañana. Mostrarles todo. Acariciar cada una de sus aceras y hacerles el amor de todas las maneras posibles pero sin promesas porque tal vez mañana ya estaré coqueteando con los callejones nocturnos de otra.

Matcha tea y la libreta negra, un vicio.

Matcha tea y la libreta negra, un vicio.

 

Cosas que dan cuerda a Seúl

1.Cocktail arquitectónico: Agarre delicadamente construcciones imperiales de antiguas dinastías y pongalas en una coctelera. Luego incorpore edificaciones modernas con los diseños más originales y agite el recipiente. Resultado: la mezcla perfecta.

Fusionando lo tradicional y lo moderno, la naturaleza y la última tecnología Seúl fue más de lo que imaginaba. Creo que esa fue la magia que ocurrió entre esa ciudad y yo; que no la imaginé. No investigué nada sobre ella. Llegué sin expectativas y ella se me entregó.

Dongdaemun Design Plaza

Dongdaemun Design Plaza

 

 Palacio imperial Gyeongbokgung

Palacio imperial Gyeongbokgung

Random things, típicas de Asia: Un señor huevo en medio de la ciudad imperial

Random things, típicas de Asia: Un señor huevo en medio de la ciudad imperial

2. Una sociedad que parece funcionar :

Pese a ser un país con tantas tragedias, separaciones, guerras, y una especie de muralla mental que los hace parecer moralistas y hasta superficiales, la coreana es un sociedad que parece funcionar. A todos lo que me preguntan les digo lo mismo. Nunca  sentí una sensación de seguridad tal como en Seúl.

La gente va con sus teléfonos en la mano sin problema, deja sus pertenencias en un restaurante cualquiera para ir al baño y las encuentra en el mismo sitio.

La gente interactúa con inocencia. Hay un respeto casi diplomático hacia las personas mayores al punto que incluso el idioma está marcado por estos códigos. Tienes que modificar tus expresiones dependiendo de la edad de la persona con la que estés hablando.

 

Mi amiga Amy

Mi amiga Amy. Una amiga de Medellín la hospedó cuando viajó por Suramérica. Ella a su vez me hospedó a mí en su casa.

Catalogada como una de las ciudades más seguras del mundo, ha sido edificada por una personalidad colectiva caracterizada por el trabajo duro, la educación y la participación del Estado en la economía y el bienestar de la población.La religión principal en Corea es el budismo, aunque obvio una gran parte de la sociedad es católica.

Además, hay una fuerte influencia del Confucionismo, aunque sea más una filosofía que una religión, es un importante elemento en la vida cotidiana, sobre todo en la benevolencia, la lealtad, el respeto y la reciprocidad.

Cambio de guardia en el Palacio imperial Gyeongbokgung. Bellísimo momento

Cambio de guardia en el Palacio imperial Gyeongbokgung. Bellísimo momento

 

3. Curiosidades:

-Al ser un país hipertecnologizado, (hasta el sanitario tiene control remoto) en el vagón del metro es imposible encontrar a alguien sin el móvil en la mano, hasta los más mayores.

-Underground, bajo las calles de la ciudad moderna, hay otra ciudad: los mercados subterráneos con una pulsión caótica de mundo viejo.

Mercado de pescado, imperdible

Mercado de pescado, imperdible

-Mientras que los mercados están ocupados, todos son amables, abiertos y dispuestos a ayudar.  Aunque en general el inglés no sea su fuerte. Me encantaba irme a los mercados tradicionales de tour gastronómico. Al preguntar “What is this?” siempre terminaban regalándome los bocados para probarlo todo.

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-Hay una energía creativa que late en las calles, que impulsa la innovación en la música, la tecnología y la moda (me encanta el buen gusto que tienen al vestir, algún día me gustaría ser rica y estrafalaria para irme de Shopping a Seúl). Todo lo anterior, contribuye a que la ciudad sea una de las economías más fuertes del mundo.

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-Los parques del río con ciclovías que recorren toda la ciudad, cada 3 kilómetros hay gimnasios de libre acceso y bien equipados. A la hora que yo iba estaba toda la gente mayor y me sonreían como si fuera algo exótico.

Recorrer las ciudades en bici siempre. Es mi manera de honrarlas.

Recorrer las ciudades en bici siempre. Es mi manera de honrarlas.

-Más de la mitad de los coreanos no es creyente, pero eso no genera conflictos étnicos ni religiosos. El único sentimiento de malestar es la separación del pueblo coreano entre la república del sur y la del norte. Cada vez que preguntaba por sus vecinos los del norte era toda un polémica, era super emocionante.

El otoño -mi estación favorita- desde el balcón de Amy, una de mis couchsurfers en Seúl

El otoño -mi estación favorita- desde el balcón de Amy.

4. La poética de los cafés: La tradición del café como espacio, como lugar de reunión, para discutir, pasar el tiempo es una de las cosas que siempre busco a todos las ciudades a donde voy.

“Lo más caro que vas a encontrar es el café”, me dijo Amy una de mis hosts. No quiero ni calcular la cantidad de dinero que gasté en Café en Corea.

Cada lugar era más bello que el de la esquina anterior. Daban ganas de quedarse allí leyendo fonemas del Hangul eternamente hasta salir del lugar hablando coreano. O  ser una freelance residente de Seúl e irse a trabajar allí todo el día a tomar Matcha tea y Cappuccino.

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Tienen además Cafés temáticos de cuanta cosa uno pueda imaginar. Mis favoritos fueron los Cat cafe.

Andrea una colombiana que vive en Seúl -a quien conocí a través de su blog–  me llevo a uno. Resulta que como la mayoría de gente vive en apartamentos pequeños, por ser más baratos que las casas, no está permitido tener mascotas. Así que en países como Corea y Japón es común ir a estos Pet cafes a compartir con perros y gatitos, ya que en casa no los pueden tener. Pagas por la entrada y tienes derecho a una bebida.

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5. Mirar hacia arriba: Cada vez que salía de una estación del metro o miraba hacia arriba  me esperaba algo nuevo, nada más salir y se me abría todo un mundo por descubrir:

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6. En los callejones de Seúl el mapa de la noche lo dibujan los avisos de neón:

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Ahí estaba yo, obturando recuerdos en medio de ese gigante. Buscando un lugar una esquina, un hostal o guest house que me permitiera echar raíces. Pero tal vez no era el momento, no era el tiempo y tal vez tocaba venir hasta el otro lado para figurar un poco más de que se trata viajar.

El día que me fui de Seúl, salí en silencio con los zapatos en la mano para no despertarla. Me fui muy temprano en la mañana, me despedí sin drama, como las mejores historias de amor. Sin promesas pero a sabiendas de que algún día volveremos a vernos.

Hoy precisamente le escribía a AV que no se quién fue la que regreso.

La escena es algo así. Yo estoy cómodamente en un sillón, con mi ropa desordenada por todas partes, tomando café, cómoda, cómoda, cómoda, en esa zona donde uno no se mueve y no sabe si por miedo, o si por paz interior. Entonces, de repente un bombardeo “¡sálvese quien pueda!”, me pongo un casco, agarro mi ordenador, una mochila que pesa, empaco todo desordenadamente, lo que puedo. Apenas tengo tiempo para salir y echo andar.

El paisaje: ruinas y nada más que ruinas.

¿Y entonces por dónde empiezo si no hay ruta ni camino marcado?

La respuesta: por Corea del sur.

Un mes después de volver a casa, vuelvo a viajar allí, pero escribiendo.

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*Banda sonora con la que escribí este post: https://www.youtube.com/watch?v=SC4NmZSlDeY

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11 comentarios en “Seúl, una breve historia de amor sin promesas

  • Me encanta todo lo que escribes. Fue como si me transportara a Corea, me dieron ganas de ir y nunca me había atraído este país.
    Me encantaría conocerte una vez, ojalá se crucen nuestros caminos.
    Te mando besos sabor café

  • Hola Carolina!
    Estuve en Seúl… al leer tu post. Gracias por compartir lo que has experimentado con cuerpo y alma! Gracias por mostrar algo que normalmente dejamos ahí en nuestras libretas y como recuerdos propios. Abrazos!

  • En esta mañana de lluvia de martes, después de un feriado, me encuentro con el lado bueno de la fuerza de la mano de Carolina Jedi, que mediante su relato solidario me alegra el despertar. Puedo decir que me hiciste sentir casi lo mismo que sentiste vos. Gracias por el viaje.

  • Me parece súper bonito tu relato, leyéndolo he recordado muchas cosas que tengo ahora mismo latentes y que tampoco paro de preguntarme yo también, de quien volvió realmente de mi ultimo viaje en solitario, hay viajes que te cambian para toda la vida y cuando eso pasa ya empiezas s sentir que no eres la misma. Realmente es maravilloso tener estas sensaciones y me alegro que tú las hayas experimentado en Seúl. Con tu historia entran ganas de ir. Es difícil k una ciudad te absorba nada más poner tu pie en ella y cuando eso pasa es una sensación increíble como de estar en casa. Lo mejor es vivir de las experiencias que marcan nuestras vidas.

  • Muchísimas gracias por haber compartido estos recuerdos de tu viaje con nosotros!! Tu post me llegó al corazón y lo hizo sentir llenito de paz 🙂 muchos saludos :*

  • Awww leo este post en una tarde lluviosa de Milan, con mi gatito en la falda y llego a la parte del Pet café y muero de amor! Después de tres años de nomadismo me detuve en Italia para hacer base, para estudiar sobre el turismo y para hacerle caso a la vocecita esa que te dice “¿Podría vivir acá?”.
    Gracias por compartir tu viaje 🙂

  • Recomendada por mi amigo Hugo, empiezo a ser tu fan….viaje desde la silla de una oficina..poder generar eso, es invaluable
    Felicitaciones y que sigan las historias! 🙂

  • Caro, ¡me encantó leerte! Fue muy bonito haber compartido unos diitas contigo en Seúl 🙂 Me gustan mucho tus palabras y la forma de describir la cultura coreana. Eres una tremenda inspiración. Un abrazote y espero que nos crucemos otra vez pronto!

  • Me suelen aburrir algunos post muy largos.. me pierden a la mitad del camino. En este ocasión no fue así.

    La primera vez que te leí no fue hace mucho gracias a tu primer post sobre renuncie al trabajo.
    Muy buen post.. aunque no dice si ahorraste un poco para viajar o de que vives.. y por lo que he visto no lo has dicho.

    Fuera de eso. me gusta como escribes, me gusta la carta que te hiciste a ti misma y como sueles teletranportar al lugar donde estas.

    Me gusta tu manera de escribir. Acabo de abrir mi blog.. y te puse entre mis paginas favoritas.
    Y aunque ahorita estas del otro lado del mundo, tal vez algún día podamos coincidir.

    Saludos.

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